viernes, 26 de abril de 2013

Un libro y una flor

Me gusta Sant Jordi por las paradas de libros, porque quien no lee muy habitualmente lo intenta o regala o recibe un libro. Pero no me gustan nada las rosas. ¡Nada!




Compramos en una parada libros a 2 euros. Son libros usados, viejos, que ya he leído o intentado leer y que quiero poseer: pequeños tesoros.

Ulises y 1984


Parece que gozamos de una cierta libertad de expresión, por este motivo historias literarias que dibujan una sociedad totalmente controlada por el Estado, como es el caso de 1984Un mundo feliz de Huxley Fahrenheit 451de Bradbury, por poner ejemplos de libros que he leído, pueden parecer distopías irreales. En todos estos casos se usan los avances tecnológicos como elementos de control y atontamiento de la sociedad: la televisión en la obra de Badbury orientada a crear opinión me recuerda a la mayoría de programas que llamamos "telebasura". La paradoja es que no son tan irreales si pensamos en nuestra sociedad, el marketing funciona muy bien cuando se consigue que la propia población se autocontrole voluntariamente.

Al igual que en la novela, actualmente exponemos nuestra vida privada, como si de un aparador se tratase, en las redes sociales. Compartimos mucha información propia, como nuestros datos personales, nuestros intereses, aficiones; también dejamos constancia de conversaciones con amigos, imágenes de lo que hacemos, donde vamos, con quién, etc.

Tokyo Sanpo
A Miguel le regalo esta guía ilustrada de Tokyo: Tokyo Sanpo, sus páginas preciosas para mirarlas y remiralas, reconocer lugares, anécdotas.



Roald Dalh
Miguel a mí me ragala este mastodonte de libro: los cuentos de Roald Dahl. Sabe que me enamoré de Matilda y Las brujas cuando los leí y los dos somos fans de Charlie y la fábrica de chocolate!




-Papá -dijo-, ¿no podrías comprarme algún libro?
-¿Un libro? -preguntó él-. ¿Para qué quieres un maldito libro?
-Para leer, papá.
-¿Qué demonios tiene de malo la televisión? ¡Hemos comprado un precioso televisor de doce pulgadas y ahora vienes pidiendo un libro! Te estás echando a perder, hija...

La última raya
Genial idea para despertar el interés por tu propio libro. Me recuerda a la campaña para el fomento de la lectura que, a través de los ferrocarriles, te daban a "probar" fragmentos de obras literarias de autores en lengua catalana. Esa propuesta me entusiasmó, consiguió que me gustara aún más viajar en tren!