viernes, 29 de agosto de 2014

DESCUBRIENDO MÁS CIUDADES

Sigue la ruta por Myanmar: Pa An nos encanta
Llegamos a la Guest House Soe Brothers y pedimos ver la habitación, nada que ver con la frialdad de nuestro anterior alojamiento. Esta vez, elegimos una pequeñísima habitación donde a penas cabía la cama y con baño comunitario, aún así, el ambiente que se respiraba ya nos dio buenas vibraciones. 




Indispensable probar los dulces de los puestos callejeros, esta especie de torta con azúcar que me recuerda a nuestros churros, está deliciosa!


El durián es una fruta que no deja indiferente, su olor es pestilente (tanto que muchos hoteles no dejan que los subas a la habitación, ¡tanto que existen carteles específicos donde se prohíben!), pero aseguran que está deliciosa, y lo creo, porqué si no fuese así no estaría por todas partes...


En los mercados siempre hay mucha actividad y nos gusta mucho pasear por ellos y tratar con sus comerciantes, en cada ciudad que visitamos es para nosotros una parada obligada.




Salvo algunas diferencias, vamos encontrando el mismo tipo de productos. Para no aburrir con más imágenes de los mismo (tenemos a montones), os quiero mostrar lo que ya comentaba en alguna otra entrada, los birmanos sienten fascinación por las luces, que usan para decorar cualquier cosa o lugar. 


El día a día: cargar la pick up hasta no poder más.


Paseando...


Y paseando... nos hemos plantado en el embarcadero que lleva a la isla Mt. Hpar Pu, hay otro un poco más grande, pero nosotros ni hecho a posta, hemos llegado al pequeño embarcadero donde a penas tres o cuatro canoas realizan el corto trayecto. 


Para acceder a la zona de las canoas debes pasar por un tramo de barro negro en el que se te hunden los pies. Después de ponerme perdida de barro intentando sacar mis chanclas que habían hecho ventosa con el viscoso lodo, una anciana me indicó amablemente que me limpiara en la orilla. Mientras, los chicos de las canoas achicaban el agua para poder realizar el viaje.



Merece la pena visitar la isla, la vegetación exuberante, la calma... Hace mucho calor, pero aún así decidimos subir unos cuantos escalones para ver las vistas, llegamos empapados de sudor y cansados, ni un buen rato a la sombra nos quitaba la sensación de bochorno. Una vez abajo, paramos a tomar unas cervezas frías que nos consiguieron reponer del esfuerzo.






Ese día comimos en frente de la mezquita, al lado del mercado, samosas (empanadilla triangular típica asiática) cortadas a trozos con patata con pimentón (o similar), pollo, verduras y hierbas en juliana y caldo. ¡Riquísimo!


                                                                                          
La iluminación de noche es muy escasa pero el ambiente es muy agradable. Esa noche nos tomamos unas cervezas en el Luky Restaurant, recomendado por nuestra Guest House. Lo mejor hasta ahora ha sido sentirnos los únicos "guiris" de Myanmar, en el Lucky se acabó nuestra exclusividad, coincidimos con una pareja belga-alemana con la que charlamos un rato y nos quedamos a cenar allí mismo.

Estábamos buscando un cibercafé o algo parecido, pero el único sitio estaba cerrado. Sin móvil, sin conexión y sin televisión, no se vive nada mal en realidad.

Nos acercamos a una zona donde había bastante ambiente a tomar unos tés, en el Chit Lay, y dimos por acabado el agotador día.