sábado, 16 de agosto de 2014

MYANMAR'S PORTRAITS

Myanmar (Birmania) emana vida en estado puro, por eso esta primera entrada tras el viaje debía estar dedicada al lugar que más nos ha transmitido, en el que hemos vivido las experiencias más fascinantes.

Dedicado a lo más valioso que nos ha aportado: las personas.

Incapaz de resistirme a su sencillez y a la transparencia de sus expresiones, cautivada por esos rostros que desprenden autenticidad por cada uno de sus poros.


Me parecieron personas de una dignidad encomiable; sentados sobre el suelo con un trapo y cuatro limones qué vender, o bien cargando a sus espaldas sacos de cualquier cosa, desprendían una grandeza espontánea y natural.

Tuve la sensación de que tal sentido del respeto hacia uno mismo se está perdiendo en mi occidental y europeizado mundo.





Es difícil resistirse a tal explosión de color, al encanto de la naturaleza salvaje, Myanmar se apodera de ti, te empapa y te impregna de su esencia.


Siento que tienen la suerte de conservar ese punto de inocencia tan necesario para lograr la felicidad al margen de las condiciones de vida más o menos favorables.


Sus mayores parecen no detenerse jamás, en sus arrugas se pueden leer años de trabajo duro bajo el sol. En sus ojos persiste el brillo de quien conserva una gran curiosidad.



No escatimar en miradas, en sonrisas... Un saludo, un gesto amable... ¿Cuándo las personas empezamos a ignorarnos y nos metimos en nuestro caparazón individualista?



Es fantástico notar como tu punto de vista se transforma completamente tras unos días de inmersión en la vida diaria de sus pueblos. 

Los niños participan activamente de la vida familiar, que no está parcelada en trabajo-ocio. Aunque dedican muchas horas al trabajo, las comidas, las risas, los juegos, los abrazos al son del balanceo de una hamaca, forman un todo.



Muchos niños ayudan a sus padres en el trabajo pero en ningún momento nos ha dado la sensación que tenemos en mente cuando pensamos en niños trabajando, hemos visto familias ir a una y niños felices y muy bien atendidos.



Crecer en contacto directo con la naturaleza, sin barreras que les frenen.



El trabajo es duro sin duda, poca maquinaria que sustituya el esfuerzo humano, unas condiciones climatológicas un tanto extremas y muchas hora de dedicación.


La religión es el eje de lo cotidiano, no existe una separación entre sociedad y religión. 



¡Qué fácil ser feliz en un entorno tan relajado, tan humano!



¡Hasta pronto!