lunes, 20 de octubre de 2014

ACOGIDA AL INICIO DEL CURSO ESCOLAR

Justo al iniciar el curso escolar nos enfrentamos a uno de los momentos más decisivos del curso, me atrevería a decir incluso que el más decisivo, me estoy refiriendo a la acogida de alumnos/as y de sus familias, a lo que en muchas escuelas se le llama Periodo de adaptación


Estos días he estado pensando mucho sobre como me afecta a mí, como educadora y como persona, esta etapa que, ciertamente, es complicada. 

Empezar con muchas ganas
En primer lugar, me hace mucha ilusión conocer a los nuevos alumnos y a sus familias y que me conozcan a mí dentro del aula. Porque las primeras tomas de contacto, aún teniendo lugar en el centro, no dejan de ser bastante descontextualizadas. Igualmente, la alegría de reencontrarme con los alumnos y alumnas con los que hago seguimiento (si se da el caso), ver cómo han crecido durante el verano, qué cambiados/as están...

Digerir muchos cambios
Pero también aparecen incertidumbres: el hecho de no conocer a las personas con las que debemos crear un vínculo de confianza, a demás, a un ritmo acelerado. Hay que añadir, que esta relación va a iniciarse en un momento en el que los niños y niñas se ven sumergidos en un nuevo hábitat, con desconocidos, y que conlleva admitir a un nuevo referente y despedirse de su cuidador principal, con el que han construido un fuerte vínculo afectivo (apego). 

Aceptar el llanto como modo de comunicación
En estos días nos acompañan algunos llantos, con lo que nos cuesta a los adultos oír llorar a un bebé... Si dominasen el lenguaje, tal vez nos dirían: "Mira, yo prefiero estar en casa con mi familia porqué a vosotros no os conozco.", o "¿por qué se va el papa o la mama?, ¿no se puede quedar conmigo?, ¿Va a volver? Necesitan comunicarse de alguna manera, y lo hacen usando las herramientas de las que disponen: el llanto, negándose a comer, etc.

Los primeros días
Al final, es el/la educador/a quien gestiona como puede estos primeros días de acogida. Algunos niños/as acompañados por familiares, otros solos (que no siempre aceptan bien la presencia de tantos adultos y reclaman toda nuestra atención). Aunque también puede haber quien no se deje consolar y esto nos produce aún más desasosiego. Varios adultos en el aula, muchas preguntas, muchas cosas que guardar en un lugar aún desconocido...

Mi sensación es que me faltan manos, ojos, oídos... Tengo mis sentidos bien alerta para atender tan bien como puedo a unos y otros, aunque no me parezca suficiente. Y debemos ir transmitiendo algunas de las normas de convivencia básicas: cerrar la puerta nada más entrar, intentar no estar todo el rato de pie y ponerse a la altura de los pequeños, evitar usar el móvil... 

Lo que no se ve
Cuando las familias se van lo que sucede en la escuela ya no es vivido por ellas, tienen que confiar en la información que les damos, y es probable que en el reencuentro sus hijos/as vuelvan a llorar, con lo que la carga emocional es muy alta. No puedo evitar sentirme un poco mal cuando veo sus caras de preocupación, quiero tranquilizarles a la vez que ser totalmente sincera con la información que les transmito. Yo también me estoy adaptando a la nueva estancia, al nuevo curso, a los niños y niñas y a sus familias, y tal vez a una nueva escuela.

Pactar el proceso
A menudo programamos este período, como explica Marta Guzmán en su artículo Reflexiones sobre el proceso de adaptación en la escuela del Diari de l'Educació, teniendo en cuenta la parte temporal y dejando un poco de lado otros aspectos. 

Cuando pactamos con las familias los primeros días en la escuela, pretendemos que el bebé conozca el espacio y a sus nuevos/as cuidadores/as y compañeros/as de modo paulatino, que lo haga en compañía de un referente y poco a poco ir incrementando el tiempo de permanencia y pasar de estar acompañado a despedirse y quedarse con el/la educador/a. Pero lo hacemos en base a un calendario y a la disponibilidad horaria de las familias, lo que, a la hora de la verdad, puede hacer que este proceso se dé de manera brusca.

Acompañar de manera individualizada
Con los aumentos de ratio se hace más complicado, para un niño/a no es lo mismo empezar la escuela en un grupo con pocos alumnos que hacerlo en uno con muchos. Es fundamental crear un ambiente relajado y confortable, pero es difícil con un número demasiado elevado de niños/as: cuando no logran la atención que reclaman lloran y ese llanto se suele contagiar y acabar en un concierto.

Y no se trata de apagar el llanto, sino de acompañar esa tristeza, enfado o desconcierto que sienten, porque están viviendo unos cambios que les afectan y necesitan expresarlo. Pero resulta imposible acompañar emocionalmente a cada uno de ellos de manera individualizada, y si nuestra atención se centra en aquellos/as niños/as que la reclaman, los demás aprenderán que hay que llorar o gritar para lograr que el/la educador/a esté por ellos/as, y así les estamos dando un mensaje equivocado.

Sólo nos queda mantener la calma, sentarnos en el suelo para que puedan acercarse los que lo deseen y ofrecerles alguna propuesta sencilla que les pueda interesar. Los que se vayan sintiendo seguros inspeccionarán el espacio y los materiales ofrecidos en los distintos rincones.

Confianza
La confianza es fundamental por parte de las familias, si dejan a sus hijos/as en manos de alguien en quien no confían difícilmente los/las pequeños/as van a quedarse tranquilos/as, pero qué difícil confiar en alguien a quien acabamos de conocer... Como también resulta complicado irse viendo como tu hijo/a extiende los brazos para irse contigo. Aún así, les aconsejamos siempre despedirse para evitar el sentimiento de abandono que les puede causar ver que han desaparecido, y nunca mentirles diciéndoles que van a venir antes, eso sólo les confundirá.

Seguir aprendiendo
En mi opinión, no se prepara suficientemente a las familias para este trance, y una vez iniciado afloran dudas, miedos e inseguridades que no disponemos de un tiempo ni un lugar adecuado para tratar. Espero aprender a gestionar este proceso cada vez mejor, no porque me vaya acostumbrando sino porque encuentre alternativas y herramientas que lo faciliten.

¿Cómo vivís vosotros esta experiencia?