domingo, 22 de marzo de 2015

PROPASIÓN

El título de hoy es un mensaje claro a quién va dirigido: maestra y apasionada de su profesión, acompañante y ejemplo, admirada mía. Rescato una frase que ayer compartías conmigo y que pienso que nos define bastante bien, ¡educadoras activas  e imparables! 
Ser buena persona es una cualidad indispensable para ser buen/a educador/a. Pero solo de buena persona no se hace un/a educador/a. Solo es posible si el/la educador/a HACE. Pasemos a la acción. El mundo contigo se mueve.
Ayer después de horas de charla, de compartir entusiasmo, experiencias, reflexiones... me quedó pendiente algo muy importante: manifestarte mi profundo agradecimiento. Como sé que lees cada una de mis entradas, me quedo más tranquila, porqué también sabrás que me cuesta ser tan cercana como, en ocasiones, quisiera. Me gustaría seguir compartiendo nuestra pasión por la educación y por la vida, tener más tardes como la de ayer o distintas, hacerte saber que estoy aquí. MUCHÍSIMAS GRACIAS. 



Aprovecho para hacer referencia a una iniciativa de RosaSensat llamada moltes gràcies mestres (muchas gracias maestros) que ofrece la oportunidad de agradecer a aquél/aquella maestro/a que te marcó mediante un mensaje en la web. Cuando la leí pensé en ti Judith, me viniste a la cabeza de inmediato, y hoy trataré de hacerte llegar este mensaje que te debo.
Querida Judith: 
Antes de poner un pie en el Ferran Tallada yo había sido una estudiante bastante mediocre. En el colegio se me daba bien escribir y dibujar, pero mis notas tampoco eran nada excepcional, mis compañeros de entonces eran en general buenos estudiantes y yo no destacaba. En el instituto pasé por la típica etapa rebelde, aún así tenía unas ganas enormes de hacer literatura, leer a los grandes autores y aprender a escribir mejor, pero mis profesores de literatura me decepcionaron totalmente (profesores mata sueños me he encontrado a puñados, ¿qué triste, verdad?). Entonces había una asignatura llamada periodismo que parecía irme como anillo al dedo, otro batacazo.
Nadie supo sacar lo mejor de mí hasta que llegué a ese alejado instituto, del que jamás había oído hablar, al que entré de milagro, pues fue el único que incluyó en la lista de espera. Y entonces te conocí:
Mi profesora perfecta, la que reafirmó mi amor por esta profesión. La que me dio oportunidad de devorar lecturas interesantísimas y escribir un portafolio y un diario pedagógico y participar en foros y mucho más. Siempre te agradeceré el alto nivel de exigencia e implicación que lograste sacar de la mayoría de nosotros, creaste una comunidad de aprendizaje, personas motivadas y deseosas de saber más y compartirlo. Fue increíble lo que llegué a aprender.
Desde el principio me sentí valorada por ti, a la vez que me ayudabas a ir más allá, a cada vez que alcanzaba una meta luchar por conseguir la siguiente. Me enseñaste la importancia de la reflexión (¡tu y el portafolio!), de la rigurosidad, del compromiso. 
Fueron dos años de gran intensidad, de adrenalina constante, de aprender y aprender ¡y ser consciente de ello! Envidio tu capacidad de organización, recuerdo el enorme archivador que siempre te acompañaba y pensaba yo tendré uno igual. Tus recursos infinitos, biblioteca andante, mente repleta de ideas...
Gracias por animarme y encontrar las palabras justas cuando hablamos sobre como me sentía debido a la presión por conseguir la máxima nota, ya entonces me encantaba hablar contigo y valoraba muchísimo tu opinión y los consejos que pudieras darme. Sigo pensando igual, ayer confirmaste que eres maestra de maestros, que mantienes la misma pasión y dedicación, para mi la mejor maestra que he podido tener  


Muchas gracias maestra, muchas gracias Judith,
 por compartir tu propasión, por contagiarla.