lunes, 2 de noviembre de 2015

TRICK OR TREAT

Y llegó el otoño. Lo hizo oficialmente, el 23 de septiembre, y meteorológicamente se hizo de rogar un poco, el verano parecía seguir queriéndonos regalar días cargados de luz y calor y con esta sobredosis de vitamina D no tenía ninguna prisa por recibir a la estación de las hojas caídas, las rutinas y la melancolía. Si no fuese porque pone fin a la estación que más buenas vibraciones me transmite de todo el año me gustaría más el otoño.

Septiembre es mi inicio de año y no enero, yo que vivo en función de cursos escolares desde que empecé a ir a la escuela infantil con 2 años. Es el mes de los nuevos propósitos, de la responsabilidad, de la serenidad... Del naranja y los tostados, de los días de campo, de los caquis y las granadas que me encantan, también de los frutos secos y las mistelas que acompañan las tardes de juegos. La estación de la Castañada nos regala la primera fiesta del curso con su figura emblemática, la Castañera, que es una estereotipada mujer de campo de avanzada edad y dudosa elegancia; viste las calles de puestos humeantes de venta de castañas (más apropiados para las tardes frías y apagadas que no, como los he vivido este año, con temperaturas de granizado y manga corta); nos proporciona una buena excusa para hacer de cocinillas preparando panellets y nos obliga a darnos el palizón de hacer el cambio de armario cuando aún tienes que dejar algo de ropa ligera para los coletazos del verano y te da urticaria sacar las bufandas y los jerséis de lana.

Otoño, buen momento para hacer barbacoas al aire libre, para ir a buscar setas (si aún nos dejan intentarlo sin tener que pagar por ello) y para emprender nuevos hobbies e iniciar colecciones que pronto abandonaremos, o no. Me gusta el folclore otoñal y esas tradiciones que repetimos en familia año tras año, pero reconozco que he sucumbido al lado oscuro, me he rendido totalmente a las calabazas diabólicas, a los esqueletos y los monstruos variados: adoro Halloween. No me preguntéis porqué, una miedosa empedernida como yo, quiere rodearse de criaturas de ultratumba y decorar su hogar como si fuese su propio funeral, será una de mis tantas contradicciones...


Particular foto de familia




Esa noche Juno estaba molesta con los cólicos, por eso recibí a los invitados con la peque en la postura que más la alivia, lo que les dio más yuyu porque creían que mecía a una muñeca (a los 5 minutos Juno estaba tumbada en su moisés mirándolo todo con sus ojazos de no-quiero-perderme-nada)













Esa noche se coló en la fiesta un invitado inesperado...