domingo, 17 de enero de 2016

TODO EMPIEZA CON UNA HEBRA DE LANA

Una hebra que se entrelaza en los dedos, que se estira con cuidado, que poco a poco se va desprendiendo de ese ovillo que la recoge.

En el día a día, con Juno comparto muchos momentos de juego: inaugura el día abriendo esos ojazos y esbozando una gran sonrisa, gestos que dan pie a muchos besos y cosquillas. Después, antes del cambio de pañal, suele deleitarme con sus divertidos monólogos, acompañados de mil gestos distintos: sus morritos prueban la manera de entonar mejor, pero también sus piernas, que no paran de moverse, parecen querer hablar, y sus manos que apuntan a mi cara estiran bien sus deditos para lograrme alcanzar. Y juega a emitir sonidos distintos, algunos chillidos, lo que parecen querer ser palabras, entre sonrisas y pausas.

Le gusta que la lleve en brazos de un lado a otro, investigando cuanto hay a su alrededor, realizando algunos giros bruscos de cabeza, abriendo, más si cabe, los ojos. Y salir a la calle y sentir el aire fresco en la cara.

Si estamos en casa, probar de coger las anillas de madera de su sonajero para llevárselas a la boca, estirar de la manta hasta quedar cubierta por ella, levantar la cabeza y parte del tronco, probar de darse la vuelta como un canelón... Le gusta estar en el sofá entre los dos y mirarnos a uno y otro repetidamente. Si está sola conmigo, participar de lo que estoy haciendo: muestra mucho interés por lo que tengo en las manos y a menudo consigue coger lo que pretende. 

Juno persigue con sus ojos la hebra, parece hipnotizada por el vaivén de la lana en cada vuelta que doy al tejido, observa todo el proceso atenta y finalmente sus manos deciden pasar a la acción.


Ha conseguido alcanzar el hilo y tira fuerte de él, no me deja seguir tejiendo. Espero. Entonces sus manos se encuentran, se tocan y se reconocen, se redescubren de nuevo bajo su curiosa mirada.

Capturando momentos: el valor de la cotidianidad, las cosas pequeñas que importan



¡Feliz domingo!