martes, 4 de octubre de 2016

LA TRIBU DE LOS PIES DESCALZOS

Me encanta cuando mi hermana llama a Juno pies descalzos, pero más me encantan los piedecitos de Juno siempre al aire, libres, atentos, exploradores...


Los pies de los bebés son inmensamente sensibles, solo hay que ver como se amoldan a las distintas superficies, como palpan, trepan, tocan, prueban distintas posturas y asumen, poco a poco, nuevos retos.



Siempre que me da por escribir una entrada surge a partir de un pensamiento, de una frase, de un hilo suelto... Y cuando empiezo a escribir, muchas veces siento como si destapara una caja de Pandora o diese, así, sin querer, con algún recuerdo aparentemente olvidado.

Hace años, estuve haciendo una substitución en una escuela un par de meses, recuerdo que en el aula de bebés había un niño que iba descalzo, fijaos que lo cuento como una anécdota, porque, efectivamente, todos iban con sus zapatitos, patucos o calcetines, a excepción de ese niño. Lo que no entendí entonces es porqué suponía un problema para la maestra tener a un bebé descalzo (era finales de mayo o junio). Sé que me comentó que los padres eran hippies, modernos, de un país del norte de Europa y que creía que vivían en un barco... (vete tú a saber qué era cierto de todo eso).

No había vuelto a pensar en ese niño hasta hoy, yo, que he fomentado los pies descalzos en el aula sin darme cuenta, como algo natural, respetando a los padres pro-zapatos pero sin agobiarme mucho si todos los alumnos acababan sin calzado. 

¿Realmente necesita justificación que una familia no quiera poner zapatos a su hijo si otra que sí quiere no se debe justificar?




Y perdonad que cuele otra pregunta, aunque no venga al caso, ¿me debo justificar por no querer que Juno tome azúcar (cuando está probado que no es saludable) y no al revés? Porque tengo la impresión de que sí, de que queda muy a padre-madre guay presumir de que nuestro hijo come de todo, cuando no todo es adecuado, la verdad. Yo solo quiero hacer lo que considero mejor sin tanto mensajito de fondo, sin tantas opiniones que no pido... Y cada uno con sus hijos que tome las decisiones que crea oportunas ¿no? Cierro el inciso.

Existen un par de artículos muy interesantes para apoyar mi elección de no calzar precozmente a Juno, estos son:
  • Bebés descalzos, bebés felices: aquí.
  • Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes: aquí.



Pero más allá de lo que digan los especialistas y de si el hecho de crecer descalzos contribuye a mejorar su desarrollo intelectual, etc., yo me baso en mi experiencia personal: en la observación.

Los pies de Juno son un espectáculo, 
desde bien pequeña ha sabido expresar con su mirada y también con sus pies

Con pocos meses jugaba a separar los deditos como si fuesen abanicos, a buscar un apoyo mediante el tacto... Aún hoy, cuando toma el pecho me coge con sus manitas mientras con los pies busca el cuerpo de su padre, al que se adhiere firmemente en un precioso gesto que nos une a los tres, en los que su cuerpo está conectado al nuestro.

Por medio de sus pies tantea el terreno, y basta con mirar las distintas posturas que adoptan para saber qué pasa por su cabecita: cuando está alerta separa el dedo pequeño como un perrito que pone tiesas las orejas, cuando está relajada los deja blanditos, cuando está contenta los inclina hacia las espinillas... Es todo un lenguaje posturil que yo he aprendido a interpretar y que me deja ver lo importante que es no obstaculizar esta vía de comunicación.

Pero aún más importante para mí, es que sus pies no sufran la opresión que con los años tal vez se vea obligada a asumir. Creo que es un placer andar descalza, me encanta sentir el tacto de las sábanas, pero también de otras superficies que a menudo me pierdo por estar calzada.

Ahora que se acerca el frío y Juno ya andurrea mucho apoyándose en los muebles que encuentra a su alcance, nos plantearemos si necesita un calzado y de qué tipo (aunque se comercializan zapatos muy originales y tentadores nos guiaremos por la salud de sus pies y de su desarrollo corporal para elegir).


Los pies de Juno han crecido libres, han pisado allí donde hemos andado, y nunca hemos querido interferir ni precipitar las posturas que ha ido logrando por sí misma, sin ayuda (creo que en este caso la ayuda entorpece, estorba). Y de aquí en adelante queremos continuar respetando esta libertad.

¡Buenas noches familia!