lunes, 27 de febrero de 2017

APRENDER A DESAPRENDER

¡Buenas tardes! ¿Aún anda alguien disfrazado por ahí? Perdonad que esté un poco perdida, este año, fuera de la escuela, no he podido vivir en absoluto esta fiesta (digamos que andamos un poco indispuestos: Juno recuperándose de unos días de fiebre y tos, yo peleando con la insistente migraña y a Miguel algo le dolerá pero no se atreve a abrir la boca jejjee!!), ¡y me encanta disfrazarme! Acabo de pensar que estaría bien hacer una reflexión sobre cómo vivimos niños y adultos el Carnaval en la escuela, a nosotros aún nos queda una semana en la que, a pesar de no tener presente al Rei Carnestoltes, sí disfrutaremos de todo el atrezzo y de la fiesta que conlleva, después, todos estos disfraces, gorros, gafas, collares, etc. los tendremos dentro del aula para continuar jugando a disfrazarnos. Queda pendiente hablar de esta fiesta, esperaré a vivir todo el proceso para tratar el tema con más rigor.

El sábado pasé la mañana con mi Grupo de Trabajo Reggio, como siempre tratando temas interesantes, escuchando y aprendiendo, compartiendo y reflexionando. En esta sesión, nuestros fabulosos coordinadores nos ofrecieron una serie de artículos para leer en pequeño grupo y debatir después con el resto; les quiero agradecer que me dieran la oportunidad de leer un texto de Valeria Bebchuk, educadora de parvulario argentina a quién no conocía, pues se trata de una de las lecturas que más me ha removido últimamente. 

El artículo
La posición de no saber en la escuela infantil 
Valeria Bebchuk 
Tarbiya (Revista de Investigación e Innovación Educativa del Instituto Universitario de Ciencias de la Educación. Universidad Autónoma de Madrid.) 
Todos los números accesibles en pdf: http://www.uam.es/servicios/apoyodocencia/ice/tarbiya

El texto al que hago referencia pertenece al nº42 de la revista, a parte del artículo de Bebchuk, que recomiendo encarecidamente, y considero necesario para replantearse algunas prácticas muy habituales en las aulas de infantil, contiene otras lecturas muy interesantes de pesos pesados de la educación como: Alfredo Hoyuelos, Rocío Galindo, Meritxell Bonás, y otros que no tengo el placer de haber leído, ¡ahí voy! Pero vamos por partes, primero leed esta maravilla:


Palabras clave
Si sois coleccionistas de frases bellas las querréis anotar todas ;) Pero no perdáis el rumbo de lo que realmente aborda que es el tema de la escuchaPartiendo de la actitud indispensable por parte del adulto de escucha activa, que pasa por estar presente, disponible (para refrescar la memoria lee aquí), acompañar (entrada antigua sobre el tema aquí), etc. Relacionada con el diálogo y con la capacidad de desaprender para poder aprender.

Escucha - diálogo - desaprender - colaboración


La anécdota que origina la reflexión
La autora se sirve de la experiencia escolar de su hija pequeña, que se queja de como la maestra no les deja hablar de sus cosas en clase, no les da la oportunidad de un diálogo entre alumnos, un diálogo espontáneo, real, fruto de sus inquietudes, libre de la intervención del adulto que se empeña en mediar, gestionar turnos de palabra y otorgar significado a cada una de sus intervenciones, etc.

Un poco de autocrítica
Inmediatamente he pensado en las asambleas, en ese primer encuentro matutino al que etiquetamos como "Buenos días", en el que todos nos sentamos y dedicamos ese tiempo a conversar. Pero... ¿Realmente conversamos? ¿O es el adulto que lanza preguntas y a veces ni siquiera espera a obtener respuesta que ya ha respondido él mismo?

Podemos analizar las distintas situaciones relacionadas con esta práctica tan usual:

En cuanto a los alumnos
  • Niños que jamás hablan frente a otros que siempre lo hacen
  • Niños que se levantan y, a:pedimos que se sienten, b:ignoramos, c:permitimos que se vayan
  • Niños que distorsionan 
  • Niños que se sienten reconfortados ante lo previsible de la situación
En cuanto al docente
  • Repite sistemáticamente el mismo ritual o incorpora pequeños cambios
  • Intenta que todos los alumnos hablen o deja que lo hagan solo los que lo deseen
  • Propone el tema (el mismo cada día o va variando)
  • Se muestra entusiasmado o apático
Que no nos encorsete la programación
Se me ocurre que sentarnos todos a primera hora de la mañana a conversar nos puede pillar el cuerpo un poco frío, los niños no son tan distintos de los adultos, a ellos también les gusta encontrarse, moverse de aquí para allá, hablar o jugar con quién les plazca... Pero tenemos la planificación del día, que a pesar de sus beneficios, a menudo no deja lugar a lo imprevisto, lo sorprendente. Una buena programación pienso que debe ser suficientemente flexible para poder incluir todo lo inesperado y valioso que la vida ofrece y que también se da en un contexto tan rutinario como el de la escuela.

Ser auténticos
Si no queremos que la escuela sea un lugar sin alma no deberíamos distanciarnos de la cotidianidad, de lo espontaneo, así pues saludaríamos a los niños conforme van llegando, acogiéndolos realmente, de modo que después solo cabría destacar aquellos alumnos ausentes, ahorrándonos la repetitiva rutina de pasar lista, por ejemplo. Quizás juntarnos antes de- sí sea necesario para presentar una propuesta, un espacio, una idea, dar comienzo a algo. Al final, simplemente se trata de dotar de significado y de autenticidad. ¿No? Bueno, son solo conjeturas, pensamientos lanzados al aire.

Los niños tienen mucho que decir
"El docente que escucha lo que los niños dicen y pregunta acerca de lo que estos le comunican da lugar a una historia de transformaciones que será la historia de la convivencia entre ellos".
"El escuchar del maestro lo lleva a abrirse al relato del otro con el afán de comprenderlo en los términos de su propia lógica. Es un escuchar a los fines de comprender el mundo de emoción y lenguaje de esa persona, es un intento por captar algún indicio acerca de la cultura de la infancia."

Preguntas banales, no gracias
Cuántas veces no hemos caído en las típicas preguntas vacías, sin emoción, resobadas, aburridas... ¡Qué levante la mano quien esté libre de pecado! ¿Os resulta familiar la escena de todos los niños sentados y el educador enfrente mostrando el álbum de familia de uno de ellos, y ante la fotografía de su perro Crispy (en la que bien claro alguien ha rotulado: con mi perro Crispy) el educador pregunta ¿quién es? o ¿cómo se llama? o cualquier otra cosa igual de banal, porque seguro que ya sabemos que el niño tiene un perro llamado Crispy y viendo la fotografía ha quedado más que claro.
"Humberto Maturana (1999) denomina preguntas banales a esa serie de falsas interrogaciones que les hacemos a los niños y las niñas, preguntas que no son tales porque ya conocemos la respuesta."
Querer saber de veras lo que los niños nos quieren contar
Tendemos a tratar a los niños como tontos, a infravalorar, menospreciar, con estas actitudes en realidad bienintencionadas. Después de leer este necesario artículo pienso, ¡pues sí que llegamos a hacer preguntas absurdas al cabo del día! -¿Cuántas patas tiene la vaca? ¿De que color es...? Existe otro modo de preguntar que se basa en la verdad, en la curiosidad genuina, en el interés por el otro; no perdamos esta esencia de ser auténticos.
"No pregunto camuflando mi saber, disimulando que sé la respuesta. Pregunto de manera genuina, auténtica, aquello que desconozco."

No existe la verdad absoluta
Otra postura, muy de adulto frente al menor, es la de creer que tenemos la verdad absoluta, la del enseñante frente al aprendiz, razón frente a ignorancia. Partiendo de esta mirada, no es de extrañar que el adulto trate de transmitir su conocimiento, de aleccionar, y olvide que la educación es un proceso recíproco en el que ambas partes aprenden mutuamente, construyen un conocimiento juntos, y también se equivocan y aprenden de estos errores. Pero solo reconoce que se ha equivocado quien tiene la suficiente humildad.
"Si presento lo que "yo sé" como una afirmación irrefutable, como una verdad que emana de la Ciencia, dicha afirmación conlleva la exigencia de ser obedecido ante lo cual mi interlocutor probablemente se someterá. Ante la demanda de exigencia o de control no hay posibilidad de colaboración. Este es el espacio de las conversaciones restrictivas, que disminuyen o anulan la libertad reflexiva (Maturana, 1999)."
"Decir que la opinión del alumno es una equivocación significa que la escucho desde un dominio de realidad diferente de aquel en que tiene lugar y donde es válida."
En educación hablamos mucho de respeto y empatía, pero tendemos a la dominancia y a la jerarquización incluso cuando no es necesaria o no es adecuada.

Desaprender para poder aprender ¿Y qué hay de desaprender? ¿Estamos dispuestos a dejarnos transformar, a salir de nuestra zona de confort? ¿Somos lo suficientemente permeables para enriquecernos realmente de los demás, y más, de los niños, que claramente tienen una mirada distinta y mucho más abierta que la nuestra?
"Moverse en la interrogación significa aprender a desaprender". 
"Desaprendo cuando aprendo del otro en la aceptación de mi incompletud y de mi ignorancia dejando que prevalezcan mis ganas de entenderme con el otro."
El silencio es también una pregunta
El temido silencio, ¿o no? ¿Acaso no intenta muchas veces el docente llenar esos silencios con palabras, música o sonido?


"En la convivencia escolar mi escuchar se torna elocuente: apunta a formar un hueco, una cavidad en la cual, al resonar los relatos y los diálogos, se vuelven posibles el asombro y la reflexión ante lo cotidiano. Desde un silencio atento y a la medida del hablar del otro puedo brindar una "hospitalidad absoluta". "El silencio es también una pregunta" (Juarroz, 1994, 95)."

A modo de conclusión
Si tenemos en cuenta al niño, si lo consideramos ciudadano de pleno derecho, daremos valor a aquello que tiene que decir, le procuraremos un espacio, un clima, un contexto adecuado, y le escucharemos con verdadero interés.

"Es importante mantener vivas las preguntas y las teorías de los niños (y también sus fantasías), y seguirlos y estudiar cómo buscan respuestas y crean sentido en el mundo. Esto forma parte de un proyecto ético más amplio consistente en el establecimiento de una cultura en la que los niños y las niñas sean considerados seres humanos de pleno derecho, dignos de ser escuchados, y en la que no impongamos nuestros propios conocimientos y categorizaciones antes de que los propios pequeños hayan planteado sus preguntas y hayan formulado sus propias hipótesis (Gunilla Dahlberg, Peter Moss, Alan Pence, 1999)."


jueves, 23 de febrero de 2017

HIPERSEXUALIZACIÓN DE LA INFANCIA

Cuando aún tintinea en nuestra retina la imagen de aquel desafortunado disfraz de enfermera sexy dirigido a niñas de entre 4 y 6 años, y aún nos escuecen los ojos de tanto frotarnos para atinar a concluir que es cierto, y no un espejismo, que a alguien se le ocurrió que un atuendo más propio de una striper sería adecuado para niñas, sea cual sea la edad...

Otro despropósito más me hace pararme a reflexionar seriamente sobre el tema de la hipersexualización de la infancia. Que se nos va de las manos es evidente, pero vamos a poner las cartas sobre la mesa y buscar el modo de frenarlo, ¿no? ¿O seguimos mirando hacia otro lado?
Quiero aclarar que si no he abordado antes este tema ha sido por prudencia, por desconocimiento, por ser tan complejo que casi no sé apreciar donde acaba lo correcto y empieza lo incorrecto... pero ya son muchas las gotas que han colmado el vaso y me apetece dar mi opinión.
Hipersexualizar la infancia no creo que sea justo ni para los niños ni para las niñas porque tienen derecho a ser, justamente eso, niños y niñas


Escenas de la fantástica película Pequeña Miss Sunshine
¿Recordáis los biquinis con relleno? ¿La portada de una famosa revista en su versión infantil en la que aparecía una niña vestida de mujer y en una pose de clara carga sexual? ¿La publicidad de un conocido perfume que usaba dos niñas maquilladas y peinadas de modo nada apropiado? ¿Los concursos de belleza
Parecen casos aislados y de vez en cuando nos echamos las manos a la cabeza ante algo que a ojos de todos es muy descabellado. O somos un poco hipócritas, o no prestamos suficiente atención a los otros pequeños desaciertos, más sutiles o menos hirientes a primera vista, que nos acechan desde la publicidad, las marcas comerciales, los programas televisivos, etc. Me refiero, sin ir más lejos, a los zapatos de tacón que tan fácilmente encontramos para niñas bien pequeñas, a los mensajes de muchas prendas de vestir, a los productos de maquillaje, a los programas en los que niños imitan a cantantes, etc.


Como en tantos aspectos que afectan a los hijos (siempre son hijos de alguien), cabe confiar en el sentido común de las familias a la hora de adquirir cualquier producto para éstos; aunque no siempre es fácil cuando el uso generalizado de ciertas prácticas de venta casi consiguen normalizar lo que, en ningún caso, debería ser normal. Lo que hace una buena campaña de marketing...
Seguro que os habéis encontrado en la situación de querer regalar algo a un niño o niña y encontrarte con el amplio merchandising basado en series de televisión para adolescentes o preadolescentes pero consumido por un público de edad más temprana, muñecas muy maquilladas y con rasgos poco naturales, etc. Yo crecí entre Barbies y Barriguitas, tampoco estábamos a salvo en los ochenta de muñecas de medidas y rasgos que pronosticaban la aparición del Photoshop.
No creo que mis padres se plantearan qué modelo me ofrecían eligiendo una u otra muñeca. Pero yo sí me lo planteo. Estamos en otro momento, tenemos otros frentes y otras batallas, es necesario no tomárnoslo a cosa de poca monta, pienso que es importante ser crítico con lo que nos venden, sobretodo porque nos quieren vender mucho (como potenciales consumidores que somos), y porque cada vez las campañas publicitarias buscan más el impacto y carecen de  lo que, coloquialmente, llamaríamos escrúpulos. Y no hay otra, nuestra forma de rebelarnos pasa por no comprarlos.

Y, repito, no es fácil porque hay muchos frentes abiertos: juguetes, televisión, ropa, música... Pero también, y sobretodo, las palabras que usamos al dirigirnos y referirnos a los menores

Os pongo un ejemplo que aún tengo muy presente, dentro de un ámbito donde se cuidan mucho las formas, oí como una educadora saludaba a una niña de 2 años que entraba en la escuela con un "qué sexy vienes hoy". Sobran las palabras.

Y si con todo esto no tenemos suficiente, ayer me comentan que en la escuela de unos amigos les piden a sus hijos que un día de la semana de Carnaval los niños y vistan de niña y las niñas de niño. Y yo me pregunto: cómo puede ser que un equipo educativo (profesionales, en principio sensibles hacia la infancia, con una formación que un ciudadano de a pie puede no tener) haya pensado que se trataba de una buena idea. Obviamente, ni reflexión sobre construcción de la identidad, ni sobre autoconcepto, ni sobre género... 


Mi cara desencajada no le produzco la menor reacción a esta madre que ni se planteaba lo que yo, inevitablemente, sí. Vi un retroceso a la dicotomía "rosa-azul", al niño versus niña, al estereotipo resobado y casposo de cosas que se atribuyen a unos y otros. Estos mensajes llegan en un momento especialmente sensible, la infancia, en el que cada ser se trata de conocer a sí mismo, se está construyendo como persona. Con propuestas de este tipo les estamos diciendo que vestir falda es de niñas, que las corbatas son para ellos... Lejos de darles libertad para elegir.

Seguro que muchos habéis visto la campaña que muestra la reacción de unas niñas ante la consigna "corre como una niña" y la reacción de chicas más mayores ante la misma instrucción, en este segundo caso con una clara influencia de lo que la sociedad considera que es "correr como una niña"


Vivimos en una sociedad en la que las cosas de niños y las de niñas siempre van separadas forzosamente porque naturalmente a penas lo estarían

Volviendo a la escuela de mi amiga, yo como madre les pediría una explicación a estos profesionales para entender como con tanta ligereza están promoviendo una imagen poco respetuosa hacia el ser. Simplemente ser persona.

miércoles, 15 de febrero de 2017

MARÍA DE LAS MONTAÑAS

Buenas noches, llevo una temporadita... ¡creo que estoy cogiendo lo que no he cogido en años! Aunque siempre es lo mismo: mal cuerpo, barriga rara y dolor de cabeza, tipo tormenta, que baja hasta los ojos y desemboca en la temida migraña. Esta última semana mi palabra favorita ha sido paracetamol, y mi frase "baja el volumen", ¡de lo que sea! Pero hoy, después de un día tirando a malillo, de esos que todo se te hace un mundo, he llegado a casa y me he ido encontrando mejor y mejor. Oye, que ahora estoy genial :)

El título de la entrada se lo dedico a Leticia Dolera y a su película Requisitos para ser una persona normal, que vi el domingo y me hizo pasar un muy buen rato. Me encantaron casi todos los personajes (la que no me acabó de cuajar fue la madre), la pareja protagonista simpática y entrañable, el hermano y el pretendiente me cayeron estupendamente; la estética, los diálogos, los escenarios, también me parecieron muy acertados para ser una obra cercana y espontánea. Recomendada.

http://www.filmaffinity.com/es/film514545.htm

¿Y quién quiere ser una persona normal? 
Podríamos dividir a la gente en cuatro grandes grupos: los que creen y parecen ser "normales", los que quieren ser y parecer "normales", los que se esfuerzan en ser "diferentes", los que son "diferentes" y se enorgullecen de ello.

Esta clasificación de pacotilla que me acabo de sacar de la manga, no tiene mucho sentido, lo sé. Porque lo que es "normal" y lo que es "diferente" es de por sí tan ambiguo y relativo... Tendría que ver con el hecho de encajar, tal vez. Y el caso es que, cuando pienso en "normal", ya tomo distancia y pienso en lo que llaman "normal" los demás (sí, los demás, esos). A mí, el término "normal" me recuerda a mediocre, desapercibido, gris, a la masa manada, los que no alzan la voz, los que pasan de puntillas, los que llevan una vida convencional, los que no destacan, los que siempre están dentro de la curva (de las curvas que la sociedad establece para todo). Tan "normal" es un informático en la facultad de ciencias y tecnología como un operario en una fábrica. Todos en un contexto determinado somos normales, todos sacados de contexto somos diferentes, somos pez fuera del agua, cantamos como una almeja.

http://www.fotogramas.es/Moda-cine/

Pero, ciertamente, tenemos manga ancha e incluimos a mucha gente en esa etiqueta un tanto insulsa: "normal". La mayoría de las personas que se cruzan en nuestro camino las catalogaríamos de normales, a no ser que actúen de un modo estrambótico o tengan un aspecto extravagante. Así que parece que haya que currárselo mucho para ser diferente. Pues no tanto. Porque siempre hay quien sin quererlo es señalado como "el diferente", y no suele ser para alabar sus particularidades. Nada que ver con quién busca marcar la diferencia, quien quiere destacar, sobresalir, desmarcarse del resto, ser especial, único...¡DIFERENTE! 

Y parece que solo con ser uno mismo ya debamos ser diferentes por definición, ¿no? ¡Ay, ingenuos! ¿Y qué me decís de los que sabiéndose diferentes, y vistos así a ojos de la muchedumbre, están encantados de ello y eso les empodera? ¡¡Ole ellos, jajajaj!!

http://www.horapunta.com/noticia/21057/cartelera/requisitos-para-ser-una-persona-normal.html

Tampoco me parece una persona tan fuera de lo normal María de las Montañas, le fallan esos dichosos requisitos que cree querer cumplir. Más original es su hermano y se siente agustísimo en su pellejo... 

Recuerdo que siendo muy pequeña una vez me planteé si todo el mundo pensaba tanto las cosas como yo, y estuve observando a la gente de mi entorno para descubrirlo, llegando a la conclusión de que, en apariencia, no pensaban demasiado (¡que nadie se ofenda, era una cría!). Lo hice porque para mí resultaba agotador. Pero por lo general, nunca me he sentido diferente realmente, solo un poco, de vez en cuando, y era fácil disimularlo cuando la situación lo requería. 

Para mí la diferencia es alucinante: me fascinan las personas diferentes, las que lo son sin esforzarse, sin fingirlo, sin dárselas de nada. Claro, que cualquiera puede serlo a ojos de alguien. Sea lo que sea ser diferente me gusta porque resulta más arriesgado que querer ser normal.

Me gustaría saber cuántas personas se consideran a sí mismos diferentes... mmm... Lo dejo por hoy, que ya he dicho bastantes tonterías. ¡Buenas noches!

domingo, 5 de febrero de 2017

TIEMPO EN FAMILIA

Los domingos por la tarde me encanta estar en casa. No ha sido siempre así, debe ser de esas nuevas costumbres o pequeños placeres que se empiezan a apreciar con la edad. No lo sé, tal vez no tenga nada que ver con la edad. Es parecido a lo que me sucede con viajar, me gusta hacerlo al principio de las vacaciones y consumir el tiempo restante lentamente, alargándolo, estirándolo como un chicle extremadamente elástico.

Collserola, para perderse andando












Este domingo ha sido uno más de mis favoritos, porqué hemos hecho lo que nos ha apetecido y eso ya sabéis que no siempre es posible. No hace falta un gran plan para que un día cualquiera, como clama la canción, pueda ser un gran día. Esta mañana hemos remoloneado en la cama los tres y hemos desayunado, sin prisa, pan tostado con jamón que Miguel ha cortado justo antes (pequeños placeres) y secallona de Planoles comprada el día anterior en la feria de la Candelaria de Molins de Rei (muy recomendable, por cierto). Después, nos hemos calzado las botas de montaña y hemos ido a perdernos por los campos, pero no mucho... Porque la tarde la quería casera y larga.

Ayer, en una de las propuestas infantiles




"Aquella noche las voces de su cabeza estaban en silencio".

Estos días tengo entre mis manos un libro fabulosamente bien escrito, Imposturas, de John Banville. ¡Tenía tantas ganas de tropezarme con una joya así! He parado en la página 62, aprovechando el fin de un capítulo, es una manía lectora: no me gusta dejar de leer en cualquier punto, seguramente porque soy de las que necesitan releer para seguir el hilo de la trama, y al final, tanto releer me da la sensación de que no avanzo... Hasta ahora no he descubierto nada que no se pueda leer en la sinopsis del libro, y me da igual; la historia ha pasado a un segundo plano, no creo que me identifique con ninguno de los personajes y ni lo necesito para disfrutar de su lectura, pero es que quisiera subrayar casi cada línea de esta maravilla! Espero que no me decepcionen las siguientes doscientas páginas...

"Mi vida con ella era una manera especial de estar solo".

"A la luz de su renuencia, mi inventiva se crecía; nunca antes había elaborado mi relato de una manera tan convincente como esa noche, entretejiendo las mentiras con unos pocos hilos, finos y relucientes, de verdad, mientras los copos húmedos y blancos caían veloces a nuestro alrededor y los transeúntes encogidos y sin cara aparecían repentinamente ante nosotros procedentes de la luz de las farolas para desaparecer enseguida en la oscuridad".

 ¡A por el lunes! Espero que hoy también sea un gran día :)

miércoles, 1 de febrero de 2017

PIEZAS SUELTAS: PRIMER DÍA DE JUEGO

Las cualidades sensoriales de los objetos
La riqueza de un material de juego radica, en primer lugar, en las características físicas del objeto en sí: su forma, tamaño, textura, color, transparencia, dureza, peso... Y, la mayoría de las veces, basta con tener los ojos bien abiertos (en realidad, no es tanto una cuestión de vista, como tener "la mirada": la sensibilidad, la capacidad de percibir, de crear, de soñar) para darnos cuenta de la cantidad de recursos aprovechables que nos brinda cualquier entorno.

Si la costa gallega me fascinó con sus variadas conchas y caracolas, y los bosques pirenaicos con sus hojas, piedras y palos, un paseo por mi barrio me ofrece al menos tres tipos de flores distintas caídas de los árboles... siempre hay algo que guardarse en los bolsillos. Pero hoy no os quiero hablar de los tesoros de los bolsillos, aunque es un tema que me entusiasma como recolectora, y sobretodo, como observadora y educadora de infantil, quiero hablaros de "piezas sueltas".

Jugar al aire libre y sin límite de tiempo con piezas sueltas




La teoría de las piezas sueltas
Piezas sueltas se han convertido para mí en dos palabras que siempre van de la mano, como aprendizaje significativo o movimiento libre, por poner dos ejemplos que ahora me vienen en mente. Desde que Simon Nicholson acuñara el término y lo usará para referirse al impulso infantil de recoger diversos materiales para desarrollar distintos tipos de juego o creaciones. Las piezas sueltas, solas o en combinación con otras, son susceptibles de múltiples acciones y posibilidades.

Existe una especie de profesionales de la educación infantil en auge (ya en otros campos no entro por desconocimiento), entre los que yo me incluyo, que nos sentimos identificados con calificativos como "basurillas". Tenemos un rastreador interior que nos permite localizar cualquier cosa aprovechable mínimamente, y una capacidad de transformarlo y convertirlo en una verdadera joya mediante algo tan barato como es la imaginación, y en ciertos casos, una lija, unas tijeras o un estropajo con el que frotarlo bien.

Aunque en gran medida, estos tesoros o piezas sueltas los encuentro en la naturaleza, sobretodo en dos ámbitos muy prolíficos: el campo y la playa. No todos tienen porque ser de origen natural, aunque sí sean materiales inespecíficos (van a ser usados bajo esta concepción, en cualquier caso). Algunos ejemplos: piezas de gresite, cristal, anillas, tubos, latas, botones, rulos, cadenas, chapas, tapas, cuerdas, cintas, retales, recortes...

Descubrimientos y ensayos





Un regalo personalizado al máximo
Esta Navidad Juno recibió un magnífico obsequio, una colección de piezas sueltas recogidas con esmero a lo largo del verano pasado: conchas, caracolas, cristales, trozos de azulejo, piedras... Dentro de una caja clasificadora con tapa preciosa. 

Se trata de un material del que disfrutará durante años, que se irá adaptando al desarrollo de Juno, a su tipo de juego, a su curiosidad y a sus necesidades. ¡Pocos "juguetes" son tan versátiles como este! Me pareció una propuesta perfecta para una mañana de juego en la terraza, y porque a ella le encantan atrapar con sus deditos objetos pequeños. Además, busqué algún recipiente más para acompañar a la caja y las piezas.

Distintas opciones de juego: múltiples posibilidades




Y como parte del éxito está en la repetición. ¡a seguir investigando!